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David Bisbal rescata clásicos de la música en español en ETERNOS

El artista presentó su nuevo álbum el pasado 23 de septiembre en el Ateneo de Madrid, donde pudimos disfrutar de una escucha exclusiva del disco y conocer, de la mano del propio Bisbal, las historias que hay detrás de sus diez canciones.


Hay canciones que no necesitan presentación. Basta con que empiecen a sonar sus primeros acordes para que alguien las reconozca, las cante o recuerde dónde las escuchó por primera vez. Sobre esa memoria compartida se construye ETERNOS, el nuevo álbum de David Bisbal, que recupera diez clásicos de la música en español para llevarlos a su propia voz.


El pasado 23 de septiembre, el Ateneo de Madrid abrió las puertas de su Sala Magna para una escucha exclusiva del disco antes de su lanzamiento. Una sala llena esperaba al artista, que primero pasó por el photocall y después se sentó junto al periodista y escritor Juan Cruz para recorrer el álbum durante un coloquio canción a canción.


Para Bisbal, poder cantar estas canciones era un sueño. Y quizá esa idea sea una de las mejores formas de entender el proyecto. No estamos ante un repertorio elegido al azar, sino ante canciones con las que el artista ha crecido y que forman parte de la historia de la música que le ha acompañado durante su trayectoria.


El álbum reúne “Adoro”, de Armando Manzanero; “Vivir Así Es Morir De Amor”, de Camilo Sesto; “Frente A Frente”; “Amor Eterno”, asociada a Juan Gabriel y popularizada por Rocío Dúrcal; “Te Quiero, Te Quiero”, de Nino Bravo; “Abrázame Muy Fuerte”, también de Juan Gabriel; “Qué Sabe Nadie”, popularizada por Raphael; “El Amar Y El Querer”, de José José; “Quijote”, de Julio Iglesias; y “Aquellas Pequeñas Cosas”, de Joan Manuel Serrat.


Pero la intención de Bisbal no era simplemente volver a grabar canciones conocidas. Durante el encuentro explicó que había intentado ser fiel a ellas, especialmente desde el punto de vista musical. Una decisión que se percibe en un álbum que busca conservar la esencia de unas composiciones que ya tienen una identidad propia.


Y es precisamente ahí donde está el reto de enfrentarse a un repertorio como este: ¿cómo interpretar canciones que el público ya siente como suyas sin perder aquello que las hizo especiales? La respuesta de Bisbal pasa por respetar su esencia y, al mismo tiempo, hacerlas convivir con su propia forma de interpretar.


La escucha en el Ateneo permitió comprobar cómo recibía el público este nuevo acercamiento. La sala permaneció atenta a cada canción y los aplausos fueron una constante durante el encuentro. Había algo especialmente reconocible en lo que estaba sucediendo: aunque las canciones pertenecieran a otras épocas y a otros artistas, seguían teniendo un lugar muy presente entre quienes las estaban escuchando.

También hay canciones dentro de ETERNOS que conectan directamente con la historia personal de David Bisbal. “Adoro”, por ejemplo, forma parte de sus primeros años como artista y de su paso por Operación Triunfo, donde ya interpretó esta composición de Armando Manzanero. Volver a ella más de dos décadas después supone enfrentarse a una canción que pertenece tanto a la memoria colectiva como a la suya propia.


Musicalmente, el disco mira hacia la época en la que nacieron estas canciones. La producción de Cheche Alara apuesta por arreglos de cuerdas y metales y por una interpretación en la que la voz ocupa un lugar central. Buena parte del álbum fue grabada con los músicos tocando juntos, buscando conservar una sensación orgánica y cercana a las producciones de aquellas décadas.


El recorrido termina con “Aquellas Pequeñas Cosas”, de Joan Manuel Serrat, interpretada a capela. Después de un disco construido alrededor de grandes arreglos, la última canción deja el protagonismo únicamente en la voz de Bisbal, cerrando el álbum de una manera especialmente desnuda.


ETERNOS llegó oficialmente a las plataformas el 2 de octubre, unos días después de aquella primera escucha en el Ateneo. Pero para quienes estuvieron en la Sala Magna el 23 de septiembre, el disco tuvo una primera vida antes de poder escucharse públicamente: diez canciones, una sala llena y un David Bisbal compartiendo el sueño de cantar algunos de los clásicos que han acompañado a varias generaciones.


Porque hay canciones que cambian de voz, de época y de escenario, pero siguen encontrando la manera de quedarse.

Por Xènia Gabernet • 10 de julio de 2026
OT 2025 conquista Barcelona en una noche de emoción y música ante un Palau Sant Jordi casi lleno
Por Blanca Sabe • 28 de abril de 2026
El pasado jueves 23 de abril , la Realidad Club acogió la escucha exclusiva del segundo disco de las gallegas Fillas de Cassandra . Una noche, sin duda, para el recuerdo de ellas y de sus fans, que vibraron con cada canción y pudieron disfrutar de un momento único. El disco se compone de 12 canciones en gallego, queriendo representar ese momento de charla entre abuelas, cuando se sacan las sillas a la calle para hablar a la fresca. Esto se ve perfectamente reflejado en canciones como “Cuchicheo”, junto a Pipiolas , “Saír a fresca” o “Verbena”. Las gallegas se mostraron muy sinceras con el público y totalmente entregadas, y también pudimos escuchar en directo temas como “am0r”, “Filla filliña”, “Déixate ver” o “Lodos”. Siempre muy agradecidas con el equipo que les ha acompañado en la producción del disco y con todos los presentes en una noche llena de emociones . En cada canción se pueden apreciar sus raíces y la delicadeza con la que han trabajado el proyecto, logrando un resultado brillante. El disco ya está disponible desde el pasado 24 de abril en todas las plataformas. Además, el próximo 9 de mayo ofrecerán su primer concierto tras el lanzamiento en su ciudad natal, en el Recinto Ferial de Pontevedra.
Por María Rodríguez • 20 de abril de 2026
En el escenario de El Plata, una sala en el centro de Zaragoza, Laaza hizo el pasado 17 de abril algo que, en el contexto actual, es poco habitual: dar un concierto sin tener nada que defender salvo el propio impulso de hacerlo. Sin disco, sin calendario, sin la promoción habitual que suele hacerse cuando se anuncia una gira. Solo una fecha elegida porque sí, para cantar las canciones que más le gustan: inéditas, algunas que ya están fuera y otras que son más conocidas y no pueden faltar. Y, a partir de ahí, todo lo demás, quedó en anécdota. La noche empezó con la aparición de los músicos junto a la cantante en el escenario de El Plata, para dar un concierto con un público entregado, una sala repleta de gente y con máxima expectación. Junto a un “Buenas noches, Zaragoza” y una gran sonrisa de Laura para dar las gracias a todos los asistentes. Además de agradecer a sus músicos y a su familia que también estaba allí. Un directo sin relato previo Lo que se vivió sobre el escenario fue, más que un repertorio, un concierto sincero con las canciones que más le llenan a Laura. Canciones ya publicadas convivieron con un número generoso de piezas inéditas, todavía sin fijar, todavía sin destino claro. No había jerarquía entre ellas: lo nuevo no se presentaba como adelanto si no como muestra de sinceridad ante un público entregado y además de los temas ya conocidos. En ese gesto, dónde se muestran las canciones antes de que “existan” oficialmente, es decir, antes de que salgan, hay una renuncia deliberada a la lógica de la industria. Laaza no utiliza el directo para explicar un proyecto; utiliza el directo para que los allí presentes puedan descubrirlo en tiempo real. La canción Verde junto al folclórico Rodrigo Cuevas fue una de las canciones con más vítores y un público totalmente entregado del show. La aparición de Juanjo Bona Casi al final del concierto apareció Juanjo Bona, ex concursante de Operación Triunfo , para cantar juntos Últimamente , tema que pertenece al primer álbum Recardelino de Bona y este está escrito entre ambos. D espués, llevaron la jota La Palomica al escenario para celebrar esta canción en algo cercano, contenido y susurrado. Un tema lleno de tradición y nostalgia en un escenario actual y juventud. Blanco, silencio, presencia Laura apareció vestida completamente de blanco. Un recurso que puede resultar simbólico e ir más allá de la estética. Puede utilizarse como limpieza visual para provocar la ausencia de ruido. Aunque la cantante ya de por sí resalta en sus conciertos, con este color no cabe duda que ayuda a focalizar toda la atención en ella. El escenario acompañaba esa decisión. Había pocos elementos en él, la iluminación era cálida y existía una cercanía que convertía cada canción en una E scena casi doméstica. No había distancia posible: el público, los músicos y la artista estaban unidos a través de las canciones. Cantar a la muerte sin dramatismo Uno de los momentos más delicados de la noche llegó con una canción dedicada a la muerte. Pero lejos de llevarlo al lugar común del duelo, Laaza optó por otro registro: el de la aceptación y normalización. Sin tenerle miedo, pero dándole la importancia que merece. El concierto como proceso no como proyecto Lo que ocurrió en Zaragoza no fue un adelanto ni un cierre. Un concierto que no responde a un producto terminado, sino a un proceso abierto. En un momento en que todo parece necesitar un lanzamiento, una narrativa o una estrategia, Laaza eligió lo contrario: habitar en el directo y convertirlo en algo inédito y especial. Puede que esas canciones cambien, que algunas no sobrevivan, que el proyecto que las contenga aún no exista o no llegue nunca a fijarse del todo. Pero anoche, durante ese periodo de tiempo en El Plata, eso dejó de importar.
Por Claudia Tovar • 6 de abril de 2026
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